sexta-feira, 13 de novembro de 2015

¡Recuperemos la Hora Santa!





"Velad y orad para no caer en tentación:
el espíritu está dispuesto, mas la carne es débil"

En una e sus apariciones a Santa Margarita María de Alacoque, el Sagrado Corazón de Jesús le enseñó una práctica de piedad llamada “Hora Santa”. Fueron sus palabras:

«Todas las noches de jueves a viernes te haré participar en la tristeza mortal que tuve a bien experimentar en el Huerto de los Olivos ; la cual te reducirá, sin que tú puedas comprenderlo, a una suerte de agonía más dura de soportar que la muerte. Y para acompañarme en esta humilde plegaria que entonces presenté a mi Padre en medio de todas mis angustias, te levantarás entre las once y medianoche para prosternarte una hora conmigo, con el rostro en tierra, tanto para apaciguar la cólera divina, pidiéndole misericordia para los pecadores, como para aliviar de algún modo la amargura que sentí por el abandono de mis apóstoles, que me obligó a reprocharles el no haber podido velar ni una hora conmigo. Durante esta hora tú harás lo que te eneñaré».
Las notas caracterísiticas de este ejercicio de piedad están contenidas en estas palabras de Nuestro Señor que acabamosde consignar. Repasémoslas :

1. Se trata de una hora ininterrumpida de oración (mental o vocal).
2. En la noche de jueves a viernes, entre las once y las doce de la noche.
3. Con postración (todo el cuerpo prosternado, con la cabeza tocando el suelo).
4. Oración de propiciación y de impetración.
5. Hacer compañía a Jesús.

Es importante no confundir la Hora Santa con la adoración al Santísimo Sacramento, con la que no está directamente relacionada. Aquí se recuerda la agonía de Getsemaní que siguió a la Última Cena y fue el preludio de la Pasión. Santa Margarita María no la practicaba en la capilla del monasterio, sino en su celda. Aunque sea muy laudable hacer la Hora Santa delante del Tabernáculo, no ha de perderse de vista que su objeto principal no es la oración de culto latréutico ni de acción de gracias, sino la oración de expiación e intercesión por los pecadores. Ambién es importante señalar que, si bien, nada impide que se haga en común para mejor ayudar a la meditación, es ésta una devoción de intimidad con Jesús.

Lo ideal es practicar la Hora Santa tal y como fue revelada a la gran vidente de Paray-le-Monial, pero la Iglesia, Madre sabia y comprensiva, al aprobar la archicofradía respectiva, quiso facilitar este ejercicio a los fieles, poniéndola al alcance de todos, incluso de los que se hallan aquejados de enfermedad, debilidad o cualquier otro impedimento. Así, puede llevarse a cabo : a) en el espacio de una hora seguida desde el atardecer del jueves hasta el amanecer del viernes, y b) simplemente de rodillas, sin postración, o hasta sentado o echado si se está físicamente impedido.

Nuestro Señor pidió periodicidad semanal –« todas las noches de jueves a viernes » – a su confidente, pero si no se es capaz de esa regularidad, al menos sí es recomendable preparar el Viernes Santo, los Primeros Viernes de Mes, la festividad solemne del Sagrado Corazón de Jesús, la de Cristo Rey y otras ocasiones durante el año (como los días de carnaval y la nochevieja) mediante una Hora Santa lo más aproximada al modo deseado por el Santísimo Redentor.

Una manera práctica consiste en encender dos cirios delante de la imagen del Sagrado Corazón que se tenga en el dormitorio o en casa y extender una alfombrilla en el suelodelante de ella para prosternarse. Si no se puede estar on el rostro en tierra todo el rato, puede emplearse para apoyarlo un cojín, como el de que disponen los ministros en la ceremonia del Viernes Santo en Parasceve al inicio de la Acción Liturgica posmeridiana. No hace falta ninguna fórmula preestablecida para recitar. Basta que se tenga la intención de acompañar al Señor durante esa hora, como si estuviésemos con Él en Getsemaní y pedir perdón y misericordia, desagraviándole. Esto puede hacerse mentalmente, sin necesidad de oración vocal. Lo importante es no distraerse ni dormirse en esta postura. Si prevemos que el cansancio nos traicionará, cada cuarto de hora podemos levantarnos y orar de pie o arrodillados. También se puede hacer las meditaciones sentados y los afectos postrados. En fin, cada cual haga como mejorse acomode a su naturaleza, su devoción y sus posibilidades.

El R.P. Mateo Crawley-Boevey, SS.CC., de quien hemos hablado ampliamente la semana pasada fue también un gran apóstol de esta práctica de la Hora Santa, a la cual dedicó un libro llamado precisamente con ese nombre : Hora Santa, el cual contiene modelos de meditación y oración para hacerla con fruto y cuyos vínculos ponemos a continuación para quien quiera aprovecharse de ellos :

Enero : http://www.geocities.com/asociacionmariana/Enero.htm

Febrero : http://www.geocities.com/asociacionmariana/Febrero.htm

Marzo : http://www.geocities.com/asociacionmariana/Marzo.htm

Jueves Santo : http://www.geocities.com/asociacionmariana/SeptJuevSto.htm

Abril : http://www.geocities.com/asociacionmariana/Abril.htm

Mayo : http://www.geocities.com/asociacionmariana/Mayo.htm

Junio : http://www.geocities.com/asociacionmariana/Junio.htm

El Corazón de Jesús : http://www.geocities.com/asociacionmariana/Reinadointimo.htm

Julio : http://www.geocities.com/asociacionmariana/Julio.htm

Agosto : http://www.geocities.com/asociacionmariana/Agosto.htm

Septiembre : http://www.geocities.com/asociacionmariana/SeptJuevSto.htm

Octubre : http://www.geocities.com/asociacionmariana/Octubre.htm

Cristo Rey : http://www.geocities.com/asociacionmariana/FiestaRealezaCristo.htm

Noviembre : http://www.geocities.com/asociacionmariana/Noviembre.htm

Diciembre : http://www.geocities.com/asociacionmariana/Diciembre.htm

Año nuevo : http://www.geocities.com/asociacionmariana/ANuevo.htm

Para los niños : http://www.geocities.com/asociacionmariana/ninos.htm

Para los atribulados : http://www.geocities.com/asociacionmariana/Paralasalmas.htm

Antiguamente la Hora Santa era una práctica bastante extendida, gracias a los apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús, como el P. Mateo o el P. Alcañiz. Hoy parece que el entusiasmo de los fieles se ha entibiado, debido en buena parte a que nuestra vida doméstica ha sido invadida (o la hemos dejado invadir) por distracciones si no poco o nada cristianas, sí indiferentes, pero a las que no somos capaces de renunciar ni siquiera por una hora en obsequio del Señor. La televisión, internet, los juegos virtuals y otros entretenimientos que, en sí mismos, no tienen por qué ser malos (si se usan razonablemente como instrumentos para fines buenos y elevados), nunca deben ser, en todo caso, un obstáculo que nos impida elprivilegio de un tiempo de intimidad con el Corazón que todo lo ha dado por nosotros.
Mañana, sábado 20 de junio, tendrá ugar la vigilia de preparación para la renovación de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús, ocasión inmejorabe para practicar este santo ejercicio. ¡Recuperemos en nuestras vidas la Hora Santa!


viernes, 12 de junio de 2009

La entronización del Sagrado Corazón de Jesús y el Padre Mateo



Entre los apóstoles contemporáneos del Corazón de Jesús tiene un lugar especial el célebre Padre Mateo Crawley-Boevey y Murga, religioso de la congregación de los Sagrados Corazones, gran impulsor de dos obras que han tenido una amplísima difusión entre los católicos: la entronización en los hogares y la Hora Santa. Hoy vamos a ocuparnos de la primera, dejando la segunda para más adelante. Pero antes trazaremos algunas pinceladas sobre la vida del Padre Mateo.
Nació en la localidad de Tingo, cerca de Arequipa (Perú), el 18 de noviembre de 1875, siéndole impuesto en el bautismo el nombre de Eduardo Máximo. Hijo de padre británico y madre peruana, creció entre dos culturas, lo que le permitió no sólo desarrollar su natural aptitud para los idiomas, sino también para adquirir un útil conocimiento humano, complementado por su educación francesa en el colegio de los Sagrados Corazones de Valparaíso (Chile), ciudad a la que había ido a residir la familia después de sucesivas estancias en el Perú y en Inglaterra.

Cuando contaba trece años el mundo se enteró de la piadosa muerte del P. Damián de Veuster, el apóstol de los leprosos, que pertenecía a la congregación de sus educadores. Este hecho no dejó de ejercer su influencia en la naciente vocación del joven Eduardo, que, edificado por el ejemplo del héroe de Molokai, se decidió a entrar en los Sagrados Corazones. Al principio su padre se opuso, pero finalmente lo dejó marchar, comenzando su noviciado el 2 de febrero de 1891. En religión cambió su nombre por el de José Estanislao.

Desde el principio se distinguió el novicio Crawley-Boevey por su fervor eucarístico, pasando mucho tiempo en adoración ante el Santísimo en la capilla. Sus superiores se mostraron siempre contentos de él por su observancia y regularidad. Hizo la profesión temporal el 11 de septiembre de 1892. Entonces cambió su nombre de Hno. José Estanislao por el de Hno. Mateo, para no ser confundido con otro religioso que llevaba el mismo nombre. El P. General quiso enviarlo a estudiar a la Universidad Católica de Lovaina para completar sus estudios, pero el P. Provincial de Chile consiguió retenerlo. Fue ordenado sacerdote por el arzobispo Jaime Casanova y Casanova en la catedral metropolitana de Santiago de Chile, el 17 de diciembre de 1898.

Su primer apostolado fue entre los obreros de Valparaíso en el seno de la llamada Acción Social, obra de la Iglesia para paliar y remediar en lo posible la triste situación de explotación que sufrían los trabajadores por entonces. El P. Mateo sabía ganarse a la gente por su sincera preocupación por sus problemas y por su contagiosa confianza en Dios. Su gran caridad quedó de manifiesto con ocasión del terrible terremoto que azotó Valparaíso el 16 de agosto de 1906, destruyendo prácticamente por completo la ciudad. Tanto se desvivió por socorrer a los damnificados que cayó seriamente enfermo. Entonces los médicos recomendaron a sus superiores que lo enviaran de viaje para reposarse, como así hicieron.

Marchó a Europa, donde, gracias al cardenal capuchino Vives y Tutó, fue recibido por en audiencia privada por el papa San Pío X, al que confió un íntimo proyecto que venía acariciando en su mente desde hacía algún tiempo: la entronización de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en los hogares. El Romano Pontífice, después de escucharlo atentamente, le mandó que consagrara su vida a esa obra. De Roma fue a Francia y visitó el monasterio de Paray-le-Monial, donde el Corazón de Jesús se había aparecido a su gran confidente y mensajera Santa Margarita María de Alacoque. Allí llegó el 24 de agosto de 1907, quedándose durante un tiempo. Fue entonces cuando el P. Mateo se corroboró en el apostolado al que Dios le llamaba y que se convertiría en la razón de su existencia: propagar allí por donde fuere la gran devoción del Corazón Divino en sus varias manifestaciones: la práctica de los primeros viernes de mes, la Hora Santa, la entronización en los hogares, la adoración nocturna, etc.

Al regresar a Chile fundó en 1908 el Secretariado de la Entronización y difundió libros y folletos de propaganda, logrando en poco tiempo que miles de familias se consagraran a Jesús, Rey de Amor (precisamente el título de uno de sus libros más conocidos). Pero no sólo los hogares observaron esta práctica: colegios, fábricas, negocios, hospitales, despachos, administraciones públicas y otros establecimientos también hicieron la entronización, que se extendió prodigiosamente por toda Sudamérica. Hasta fue ocasión de grandes conversiones de gente alejada de la práctica religiosa.

En 1914 emprendió un largo viaje por Europa, visitando varios países. El 6 de abril de 1915 lo recibió en audiencia privada Benedicto XV, que aprobó la obra de la entronización mediante una carta fechada el 27 de abril siguiente. En ella la definió con estas palabras: «La instalación de la imagen del Sagrado Corazón, como en un trono, en el sitio más noble de la casa, de tal suerte que Jesucristo Nuestro Señor reine visiblemente en los hogares católicos». Se trata, pues, no de un acto transitorio, sino de una verdadera y propia toma de posesión del hogar por parte de Jesucristo, que debe ser permanentemente el punto de referencia de la vida de la familia, que se constituye en súbdita de su Corazón adorable.

El acto del Cerro de los Ángeles hace noventa años

El P. Mateo recorrió dos veces toda España. Aquí promovió la erección del monumento al Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles e hizo de todo por obtener la consagración de la nación, que finalmente realizó don Alfonso XIII el 30 de mayo de 1919 –hace ahora noventa años–en aquél lugar, con asistencia del propio P. Mateo. A este respecto, existe un interesantísimo dato que aporta en uno de sus libros: el Rey, que le concedió audiencia, le refirió que, al anunciarse que consagraría España al Sagrado Corazón de Jesús, recibió la visita de una delegación de significados masones que le advirtieron que no llevara a cabo tal acto. Al responder el monarca que seguiría adelante con su propósito, los caballeros se retiraron diciéndole que con ello había sellado el destino de su reinado (efectivamente, doce años más tarde caía la monarquía en España, en lo que la masonería tuvo una parte significativa).

Pío XI apoyó al P. Mateo en su intenso apostolado, concediéndole cinco audiencias privadas y apoyando especialmente su obra de la adoración nocturna en los hogares. En una de esas veces el religioso peruano le regaló una medalla del Sagrado Corazón al Papa, que prometió conservarla en su despacho y acordarse de su dador cada vez que la mirara. En otra ocasión el Santo Padre rechazó la petición del gobierno peruano para que el P. Mateo se convirtiera en nuevo arzobispo de Lima. A la sazón, el anterior prelado, el vicentino Mons. Emilio Lissón Chávez, había tenido que renunciar a su sede y marcharse del país por una conjura política en su contra tras el derrocamiento del católico presidente Leguía. El piadoso arzobispo Lissón había intentado consagrar el Perú al Sagrado Corazón en 1923, pero el solemne acto fue frustrado por los sectarios. Pío XI quería, pues, ahorrar esa clase de disgustos al P. Mateo y respondió amable y agudamente al gobierno que era "mejor dejar al religioso ser un bombardero del Corazón de Jesús en todo el mundo que un coronel-comandante en plaza”.

El P. Crawley-Boevey llegó en 1935 hasta Asia, predicando en el Indostán, el Lejano Oriente y el Sudeste asiático. De vuelta a Europa, pasó poco después a Nortemérica, donde misionó profusamente en los Estados Unidos y el Canadá. En 14 de abril de 1949, que era Jueves Santo, se sintió mal, manifestándosele la afección cardíaca que le acompañaría el resto de sus días. No por ello cesó en sus correrías, pero tuvo que ir dejando progresivamente sus actividades y su vida se convirtió en un verdadero calvario. Se cumplió cabalmente lo que él mismo anunció:«Cuando ya no pueda predicar, escribiré; cuando ya no pueda escribir, rezaré; cuando ya no pueda rezar, siempre podré amar sufriendo y sufrir amando». En febrero de 1956 tuvo que regresar ya definitivamente a Valparaíso.

Tres años más tarde se le diagnosticó una leucemia y ya no pudo celebrar la santa misa. Afectado por una úlcera maligna en la pierna derecha, sufrió la amputación de ésta el 14 de enero de 1960. En medio de sus sufrimientos atroces tuvo el consuelo de recibir la visita del P. General de los Sagrados Corazones, que quedó muy edificado del espíritu con que el P. Mateo los asumía. Falleció santa y apaciblemente en el curso de una postrer hemorragia y habiendo recibido la extremaunción y el viático, el 4 de mayo de 1960. Tenía 84 años de edad. Noticiado el papa de entonces, beato Juan XXIII, envió por medio de su secretario de Estado, cardenal Domenico Tardini, el siguiente mensaje de pésame al Superior General: “El Santo Padre está totalmente familiarizado con la misión que este infatigable apóstol llevó a cabo durante toda su vida: la difusión del culto del Sagrado Corazón. Por esto es consolador el pensar que la triste pérdida que ha sufrido la Congregación de los SS. Corazones se compensa con la presencia en el cielo -como podemos creer- de un nuevo y poderoso protector”.



ENTRONIZACIÓN EN LOS HOGARES

1.- En qué consiste.
Ya citamos las palabras de Benedicto XV definiendo esta piadosa práctica: «La instalación de la imagen del Sagrado Corazón, como en un trono, en el sitio más noble de la casa, de tal suerte que Jesucristo Nuestro Señor reine visiblemente en los hogares católicos» (Carta al Padre Mateo, 27 de abril de 1915). Vemos que lo esencial es:

a. La imagen del Sagrado Corazón de Jesús.
b. El lugar preferente de la casa.
c. Consagrar el hogar para que reine visiblemente en él el Divino Corazón.


2.- A qué compromete.
El acto de la entronización implica un compromiso de la familia que lo realice. No se trata de un acto aislado, sino del primer acto de un modo de vida, en el que todos los miembros de aquélla se hallan en adelante llamados a llevar. Ese modo de vida es someterse de voluntad y con gusto al imperio suavísimo de Cristo Rey mediante el reinado de su Amor, representado en el Sagrado Corazón. ¿Cómo se verifica esto? Cumpliendo los deberes del cristiano, observando los mandamientos de la Ley de Dios y los preceptos de la Santa Madre Iglesia, haciendo pública profesión de fe católica sin avergonzarse de ella y difundiendo en lo posible esta devoción.

El cabeza de familia tiene en esto un papel fundamental y decisivo: debe dar ejemplo, debe corregir, debe recordar a todos el ser fieles al que es en realidad el Rey de la casa. Debe ser como un lugarteniente del Corazón Divino y, como Él, ser bondadoso y providente con todos los de la casa: familiares y domésticos. Estos últimos son una prolongación de la familia y deben ser tratados como prójimos, con justicia y caridad, pero también con cariño porque son colaboradores que conviven bajo el mismo techo. Ellos también están llamados a sumarse a la consagración.

En una casa consagrada no debe entrar mala prensa, ni se debe dar un uso irrestricto de Internet sin que los padres vigilen, no deben proferirse por supuesto blasfemias ni palabras malsonantes; la inmodestia en los vestidos ha de estar desterrada; deben observarse los días de precepto y los días de ayuno y abstinencia; el aniversario de la consagración tendría que ser un día de fiesta especialísimo; los padres deberían tener la piadosa costumbre de bendecir a sus hijos y los hijos de pedir la bendición; sería recomendable tener una pequeña pileta de agua bendita para uso de los de casa; también rezar el rosario en familia y practicar los ejercicios de los meses de junio (Sagrado Corazón), mayo (mes de María) y marzo (mes de San José); en lo posible, acudir juntos a la misa dominical, y tener el catecismo en familia.


3.- Cómo se realiza.
Siendo la consagración un acto a cargo del cabeza de familia, la presencia del sacerdote es testimonial y no estrictamente necesaria, pero sí muy recomendable, especialmente si se ha de llevar a cabo en conformidad con la obra de la entronización, cuyo secretariado depende de la congregación de los Sagrados Corazones (Picpus). Eso sí, la imagen a entronizar ha de ser bendecida. Si no se bendice en el curso del acto de entronización por falta de sacerdote, se debe bendecir previamente a él.

Lo ideal es llamar a un sacerdote que sea religioso de los Sagrados Corazones, contactando con el secretariado local de entronización. La casa puede aderezarse como para día de fiesta, pero con buen gusto. El trono debe estar alzado en el lugar más noble y adornado de flores y candelas. Al acto sería muy bueno que fueran invitados los vecinos y amigos más estrechos de la familia y tener preparado un refrigerio para obsequiarles por su presencia.

El sacerdote, revestido de sobrepelliz y estola, procederá a bendecir la imagen. A continuación, lee el acto de reparación al Sagrado Corazón y dirige las letanías correspondientes. Acabadas éstas, el cabeza de familia pronuncia el acto de consagración de su hogar y se suele terminar con el canto de algún himno a Cristo Rey y de la Salve a la Virgen. El sacerdote, entonces, extiende el diploma oficial de la obra de entronización.

Después de la ceremonia y del refrigerio a los invitados, sería recomendable que la familia tuviera una comida o cena con el sacerdote como convidado.


No olvidemos la promesa del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque: “Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y honrada”. Recomendamos vivamente la práctica de la entronización de los hogares.

jueves, 4 de junio de 2009

La Gran Promesa de la comunión de los Nueve Primeros Viernes de Mes


A lo largo de la Historia el Sagrado Corazón de Jesús ha tenido amigos y confidentes, pero qué duda cabe que entre todos descuella santa Margarita María de Alacoque, a la que distinguió por medio de la gran revelación de esta devoción a finales del siglo XVII. En una de sus apariciones a la visitandina, un viernes de 1688, el Señor le dijo: « Je te promets dans l'excès de la miséricorde de mon Cœur que son amour tout-puissant accordera à tous ceux qui communieront les premiers vendredis neuf fois de suite la grâce de la pénitence finale ; qu'ils ne mourront point dans ma disgrâce ni sans recevoir leurs sacrements et que mon Cœur se rendra leur asile assuré à cette dernière heure » (Yo te prometo en el exceso de misericordia de mi Corazón que su amor todopoderoso concederá a todos aquellos que comulgaren los primeros viernes de mes nueve veces seguidas la gracia de la penitencia final ; que no morirán en mi desgracia ni sin haber recibido sus sacramentos y que mi corazón se volverá para ellos un asilo seguro en la última hora).

¡Magnífica promesa! Por eso se la llama “la Gran Promesa”, pues en ella ofrece el Corazón de Jesús nada menos que la seguridad de la salvación a los que comulgaren nueve primeros viernes de mes seguidos. Ya en 1674, había instado a santa Margarita María a esta práctica, pidiéndole que comulgara “siempre que la obediencia se lo permita, especialmente todos los primeros viernes”. Catorce años después quería que esta comunión se extendiera a todos, vinculándole nada menos que la certeza de la perseverancia final. En toda la Historia de la Iglesia sólo se conocía una promesa del género: la del Santo Escapulario de Nuestra Señora del Carmen, hecha a san Simón Stock en el siglo XIII. Ahora se añadía la hecha por Jesucristo mismo a su confidente cuatro siglos más tarde, en el curso de unas revelaciones que constituían “un último esfuerzo del amor del Señor amor para con los pecadores, con el objeto de llevarlos a penitencia y darles abundantemente sus gracias eficaces y santificantes, y así obtener su salvación” (Sta. Margarita María: Carta 102). El paralelo de estas dos grandes promesas está plasmado en la medalla-escapulario que, por privilegio de san Pío X, puede substituir el escapulario de tela del Carmelo y que representa en una cara al Sagrado Corazón y en la otra a la Santísima Virgen bajo la advocación del Carmen.

Como con el Santo Escapulario, se han dado malos entendidos respecto de la gran promesa de la comunión de los nueve primeros viernes de mes. Los enemigos de la Iglesia se ríen de una revelación que promete el cielo por sólo unos actos de piedad, diciendo: “¡Qué barato sale salvarse!”. Y piensan que todo consiste en que basta comulgar nueve primeros viernes seguidos y después hacer uno lo que le venga en gana. “Total –continúan– hágase lo que se haga, se tiene ya asegurado el Paraíso: ¡palabra de Jesucristo!”. Por desgracia, hay no pocos entre los católicos que también piensan eso, cayendo así en el terrible pecado de presunción, al creer que la misericordia divina los salvará sin conversión y les dará la gloria sin mérito. Es como si se dijeran: “comulguemos los nueve primeros viernes y después pequemos cuanto queramos”, lo cual es una deformación odiosa de la Gran Promesa y un terrible abuso de la confianza y de la bondad del Divino Corazón.

Vamos a disipar equívocos. No es que quien comulgue nueve primeros viernes de mes seguidos posea ya infaliblemente un certificado de salvación, sino que esa serie de nueve comuniones, si hechas digna y reverentemente y con recta intención, le proporcionarán las gracias necesarias para ser un buen cristiano y, como consecuencia y colofón, le granjearán una buena muerte, la muerte de los justos. No debemos ver en la promesa un automatismo y una eficacia mágica, como si pudiéramos manipular las cosas de Dios para obtener determinados resultados. Tanto si se lleva el escapulario, como si se comulga los nueve primeros viernes (o los cinco primeros sábados de mes, de los que hablaremos en otra ocasión), ello presupone en principio una vida cristiana y conforme a la Ley de Dios y los preceptos de la Iglesia (aunque uno tenga caídas y recaídas, propias de nuestra naturaleza quebrantada por el pecado original). Tales prácticas a las que van aparejadas tan extraordinaria promesa como es la de la perseverancia final se suponen siempre en buena fe. Es decir, quien las llevare a cabo dolosamente, con el único propósito de asegurarse la salvación y llevar más tarde una vida desarreglada estaría ya pecando y haciéndolas ineficaces. Es como el adulto no bautizado que, sabiendo que el sacramento del bautismo borra todos los pecados, tanto el original como los actuales, difiriera el recibirlo para poder gozarse un tiempo más de licencia y de disipación, lo cual sería burlarse de la gracia de Dios.

Así pues, la comunión de los nueve primeros viernes ha de hacerse concienzudamente y teniendo en vista que si es verdad que Jesucristo quiere que por ella nos salvemos no es menos cierto que implica el compromiso de ser buenos y corresponderle por su gran misericordia. La comunión debe prepararse y hacerse con las condiciones necesarias para que sea digna y eficaz (véase: http://costumbrario.blogspot.com/2009/02/recibir-la-santa-comunion-se-ha.html). Una comunión hecha incluso en estado de gracia, pero distraídamente y como de pasada, sólo por cumplir con el trámite para ganar la promesa del Corazón de Jesús, difícilmente podría reputarse como satisfactoria. Además, ha de hacerse, como se ha dicho antes, con recta intención, esto es: con la intención de corresponder a Nuestro Señor por sus bondades mediante una vida santa y entregada al amor de su Sagrado Corazón. La comunión ha de hacerse siempre con el propósito de permanecer en la gracia de Dios y detestando el pecado, nunca con la maliciosa perspectiva de pecar más adelante para después confesarse. Quien vive en estado habitual de pecado y persiste en él difícilmente podrá tener recta intención al comulgar (si es que sus comuniones no son sacrílegas por confesiones inválidas al faltar el sincero propósito de enmienda).

¿Por qué el número de nueve comuniones y que sean seguidas? Se nos ocurre que el Corazón de Jesús nos ha puesto con ello una dulce trampa para que caigamos en sus redes de Amor. Sabiendo lo inconstantes que somos, el obligarnos a estar en gracia para poder comulgar una vez al mes durante nueve meses seguidos crea en nosotros un hábito bueno, que nos predispone a perseverar. Si repetidamente nos confesamos y comulgamos dignamente, terminaremos por encontrar que se está muy bien siendo buenos cristianos. En el arco de nueve meses eso se nota. Por supuesto hablamos aquí de un hábito humano, que se crea con la repetición de los mismos actos. Pero este hábito humano de recibir los sacramentos para prepararse a los nueve primeros viernes se perfecciona con la gracia y las virtudes teologales, que, como sabemos, son hábitos infusos, que perfeccionan y elevan nuestros hábitos humanos. Así pues, es difícil –por no decir imposible– que alguien que quiere acogerse sinceramente a la Gran Promesa tenga después la intención de vivir mal. Por supuesto, poderoso es Dios que no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva y no niega sus auxilios al mayor monstruo de maldad que pueda existir, pero que vaya a salvar a quien juega a la ruleta rusa con su salvación y pretenda cometer fraude contra el Espíritu Santo abusando de una promesa maravillosa de Jesucristo, eso es impensable.

Muchos de nosotros hemos hecho las comuniones de los nueve primeros viernes, sobre todo los que tuvimos la fortuna de ser educados por los Padres de la Compañía de Jesús, abanderada de la devoción al Corazón de Jesús. Pero muchos otros no las han hecho. Todos podemos cumplir una y otra vez con esa cita de amor con Nuestro Señor cada primer viernes de mes. No importa si ya lo hemos cumplido o no. Y cada vez que lo hacemos podemos encomendar a alguien de nuestro entorno o que se haya encomendado a nuestras oraciones para que se anime a observar esta santa práctica. Es un modo de ser apóstol del corazón adorable de nuestro Redentor. Hace muchos años, en la televisión de algún país sudamericano unos días antes del primer viernes aparecía un breve anuncio entre la programación que decía: “Católico: este viernes es primer viernes. ¡Comulga!”. Lástima que esta hermosa costumbre haya desaparecido ahogada por nuevos contenidos televisivos que no nos recuerdan la fe católica sino los engañosos atractivos de los enemigos del alma. Pero sí sería conveniente que una campanita en nuestro corazón nos recordara la proximidad del primer viernes.

Para prepararse a ese día recomendamos preparar una confesión concienzuda a fin de adecentar el alma para recibir a Jesús y dedicarle una Hora Santa el jueves anterior (se pueden ver los magníficos textos del P. Mateo Crawley-Boevey, el gran apóstol peruano del Sagrado Corazón, en este vínculo:http://www.geocities.com/asociacionmariana/PMateo.htm). Ya el viernes sería lo ideal observar el ayuno antiguo (desde la medianoche) y asistir a la misa por la mañana temprano, comulgando en ella, o pedir la comunión fuera de la misa si no hay tiempo de oír ésta (lo que podría hacerse por la tarde). De este modo, se comienza ya el día consagrándolo al Corazón de Jesús mediante la comunión reparadora (en la que, como mínimo, deberíamos detenernos un cuarto de hora, si no más). Para aspectos prácticos relacionados con la comunión de los nueve primeros viernes de mes recomendamos este vínculo:http://webcatolicodejavier.org/nueveviernes.html.




CATÓLICO: MAÑANA ES PRIMER VIERNES. ¡COMULGA! 



domingo, 31 de mayo de 2009

Junio: Mes del Sagrado Corazón de Jesús




Mañana comienza el mes de Junio y con él la piadosa conmemoración del Sagrado Corazón de Jesús, al que está tradicionalmente dedicado. Hoy acaba el mes de María, que es como una introducción en el misterio íntimo del amor de Jesucristo. Así como la Santísima Virgen fue la aurora pre-anunciadora del Sol de Justicia y trajo la salvación a este mundo por medio de su asentimiento al plan salvífico de Dios en la Encarnación del Verbo, de modo semejante, el mes de Mayo nos ha servido para disponer nuestras almas, mediante la consideración y la imitación de las virtudes de la Santísima Virgen, a fin de mejor penetrar en la devoción al Corazón Divino, causa de nuestra salvación. Aquí es donde se ve claramente cómo es verdad aquello de “a Jesús por María”.

No hay devoción más agradable a Dios en estos tiempos que ésta al Corazón de su Hijo, que nos ha sido dada como un extremo auxilio de su gran Misericordia. Desgraciadamente, tampoco hay actualmente devoción tan desperdiciada y olvidada, siendo así que es eficacísima y reconfortante. Dice Jesucristo: “Venid a Mí todos los que estáis fatigados y cargados, que Yo os aliviaré. Mi yugo es suave y mi carga ligera. Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón”. No puede mostrarse más compasivo y delicado hacia los pobres pecadores que somos. Nos sabe débiles y frágiles y conoce nuestros problemas y los peligros que nos acechan. Y quiere echarnos una mano… El mal en todas sus formas nos acosa y los espíritus perversos nos persiguen, y Él abre la herida de su costado para mostrarnos el seguro asilo de su Amor, que nos libra y nos salva.

San Juan Evangelista, el discípulo predilecto, que cuando, ya anciano, le preguntaban sus seguidores y oyentes por Jesucristo y su mensaje y respondía repitiendo invariablemente: “Amor, Amor, Amor…”, fue el primero que, al recostar su cabeza en el divino pecho, durante la Última Cena, tuvo el privilegio de oír los latidos de ese Corazón amantísimo y amabilísimo. Desde entonces, esta devoción se ha ido abriendo paso a través de almas delicadas y particularmente sensibles hasta la gran revelación que, hace ya más de trescientos años, quiso Jesús hacer a su confidente santa Margarita María de Alacoque. Fue ése el gran impulso, a partir del cual se extendió el culto al Corazón de Jesús como fuego incontenible por el mundo entero, que fue consagrado a Él por León XIII a instancias de otra alma amiga: la beata María del Divino Corazón, nacida condesa Droste zu Vischering.

Relacionados con la devoción al Sagrado Corazón están –además de la práctica recomendabilísima del ejercicio del mes de Junio– la de la comunión de los Nueve Primeros Viernes, la entronización en los hogares, el detente y la consagración personal mediante el pacto mutuo (difundida ampliamente por el gran misionero del Corazón de Jesús en el siglo XX que fue el R.P. Florentino Alcañiz). De cada uno de estos temas iremos hablando a lo largo de este mes. Entretanto, queremos proponer un modo de santificarlo por medio de la meditación y la piedad.

En primer lugar, queremos recomendar vivamente el libro clásico en la materia en lengua castellana (y que ha sido traducido a otros idiomas): es del Padre Alcañiz, al que acabamos de citar, y se titula La Devoción al Corazón de Jesús. Los que están familiarizados con él –que son muchos– lo llaman simplemente “el libro de la devoción”. Hay, por supuesto, otros libros quizás de mayor erudición histórica, como el del jesuita francés P. Bainvel, pero el del Padre Alcañiz toca el nervio de la piedad y excita a la devoción, sin por ello descuidar los aspectos informativos y las referencias históricas y biográficas. Todo aquel que lo ha leído con buena voluntad y recta intención se ha sentido movido a convertirse en devoto del Corazón de Jesús. El volumen ha sido publicado innumerables veces por las Misioneras Hijas del Corazón de Jesús, congregación fundada en Granada por el Padre Alcañiz junto con la sierva de Dios Carmen Méndez. Lo ofrecemos a través de estas líneas mediante el vínculo que ponemos a continuación:


y que esperamos que dé acceso a nuestros lectores al tesoro escondido y, sin embargo, tan fácil de disfrutar que encierra el Corazón Divino.

Quien se sienta tocado por este bellísimo texto (que puede servir de meditación diaria por partes, ya que es extenso) y desee consagrarse al apostolado del Corazón de Jesús, puede considerar formar parte de una cadena de amor haciéndose uno de sus “eslabones”. Para saber cómo, recomendamos visitar este sitio web: http://www.corazondejesus.net/eslabones.htm. Es una manera ideal para que la devoción dé frutos abundantes mediante un apostolado humilde, sencillo y fervoroso.

En cuanto a la manera práctica de santificar el mes del Sagrado Corazón, he aquí un método simple:

1.- Oración Preparatoria. Oh Dios, que, por medio del Corazón de vuestro Hijo, herido por nuestras culpas, os dignáis en vuestra misericordia infinita darnos los tesoros de vuestro amor; os pedimos nos concedáis que, al presentaros el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el homenaje de una digna satisfacción. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

2.- Consideración del día (ver anexo).

3.- Invocaciones.

a) Sagrado Corazón de Jesús, circundado de espinas, haced que aceptemos los sufrimientos de esta vida como expiación por nuestros muchos pecados e ingratitudes y en reparación contra las ofensas que se os infieren, especialmente en la Santísima Eucaristía. Os lo pedimos por intercesión de vuestra Madre dolorosa.

Pater, Ave y Gloriapatri

b) Sagrado Corazón de Jesús, inflamado por las llamas de vuestra inmensa caridad, haced que nuestros corazones se abrasen en ese divino fuego y sean purgados de todo afecto desordenado como el oro en el crisol, de modo que en Vos se hagan uno como ofrenda de amor agradable a Dios. Os lo pedimos por el Corazón Inmaculado de María.

Pater, Ave y Gloriapatri

c) Sagrado Corazón de Jesús, abierto por la lanza del soldado a quien revelásteis vuestra divinidad, permitid que nos refugiemos en el seguro asilo de vuestro amor y que en él moremos como antesala del Cielo, donde esperamos gozar de la visión beatífica. Os lo pedimos por vuestra Madre la Corredentora.


4.- Oración final. Oh Señor nuestro Jesucristo, haced que vuestros santos misterios infundan en nosotros un fervor divino, de modo que, recibida la suavidad de vuestro dulcísimo Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Anexo: Consideraciones para cada día del mes


Primera decena del mes: del 1 al 10


Día 1. La Cruz es el árbol en que quiso redimirnos Jesús. Quiso morir con los brazos extendidos para abrazar a todos los hombres. Amemos a quien tanto nos ha amado.
Día 2. La Cruz es la escalera por la cual podemos subir al Cielo. Quien pretenda salvarse por otro camino, se equivoca y va a su eterna ruina. Abracémonos con la Cruz.
Día 3. La Cruz es la balanza con que Jesús paga el precio de nuestro rescate. Nuestros méritos son nulos; los de Jesús son infinitos. Confiemos en Jesús Crucificado.
Día 4. La Cruz es la espada con la cual venceremos a los enemigos de nuestra salvación. Sin ella seremos vencidos. Sin Jesús nada podemos; con Él podemos todo.
Día 5. La Cruz es la palanca que, apoyándose en los méritos de Jesús, nos da fuerzas para levantar la pesadez de nuestra naturaleza caída y elevarla a lo sobrenatural.
Día 6. La Cruz es el puente que, al atravesar el abismo de la muerte, nos trasladará a las orillas ciertas y placenteras de una eternidad feliz. i Ay del que no se vale de ella ¡
Día 7. La Cruz es el martillo que aplastará un día a cuantos van contra ella. De Dios nadie se burla. Ahora calla; pero vendrá un día en que hablará y... Premiará o castigará.
Día 8. La Cruz es la llave con que Jesús ha querido abrirnos las puertas de la gloria y cerrarnos las del infierno. Llevémosla siempre sobre nuestro pecho y tengámosla en la cabecera de nuestro lecho.
Día 9. La Cruz es el áncora que nos salvará de las tempestades del mar proceloso de este mundo y nos conducirá al puerto seguro de salvación. Sin ella pereceremos infaliblemente.
Día 10. La Cruz es el faro que ilumina nuestra inteligencia, nos habla del infinito amor de un Dios y nos muestra el término de nuestra vida. Pensemos en lo que nos espera.

Segunda decena: del 11 al 20


Día 11. Lanzada contra el Corazón de Cristo es la blasfemia, o la proferida por labios inmundos, o la declamada en la tribuna, o la impresa en el libro herético o impío. iAborrezcámosla!
Día 12. Lanzada contra el Corazón de Cristo es la inmoralidad que a tantas almas seduce y que se manifiesta en el hablar y vestir, en la playa y en los espectáculos, en la novela y aún en el deporte. iAlerta con ella!
Día 13. Lanzada contra el Corazón de Cristo es la impiedad, el desprecio que se hace de las cosas sagradas; la burla y el sarcasmo contra las mismas; la negación de las verdades y doctrinas de Jesús.
Día 14. Lanzada contra el Corazón de Cristo es la profanación que se hace impune y públicamente de los días del Señor; la omisión de la Santa Misa; el convertir los días santos en días de pecado.
Día 15. Lanzada contra el Corazón de Cristo son los odios que reinan hoy en el mundo, tan contrario a Aquel que vino a enseñarnos las dulzuras de la divina Caridad y amor entre todos.
Día 16. Lanzada contra el Corazón de Cristo son las persecuciones que sufre la Iglesia, salida del Costado del Divino Redentor, sobre todo los que sufre de parte de las naciones anticristianas.
Día 17. Lanzada contra el Corazón de Cristo es el ateísmo materialista que pretende hoy dominar el mundo, borrar de las inteligencias todo el orden sobrenatural y sumirlo en el abismo de toda maldad.
Día 18. Lanzada contra el Corazón de Cristo son los tantos sacrilegios como se cometen contra todo lo más santo y sagrado y en la recepción de los santos Sacramentos indignamente recibidos.
Día 19. Lanzada contra el Corazón de Cristo es el desconocimiento que reina de la vida y doctrina de Jesús, aun por parte de muchos cristianos, que lo son solamente de nombre, pero no en realidad.
Día 20. Lanzada contra el Corazón de Cristo es la condenación eterna de tantos hombres, que no han querido aprovecharse de la Divina Sangre, derramada para su salvación.


Tercera decena: del 21 al 30


Día 21. Espina para el Corazón de Jesús es la falta de una fe viva por parte de muchos que le aman y sirven, y le sirven casi a la fuerza y arrastrándose más que caminando, en la vida espiritual.
Día 22. Espina es la falta de conformidad con la voluntad de Dios, que hace murmurar de la Divina Providencia, cuando las cosas no suceden según el propio gusto o capricho.
Día 23. Espina es la falta de caridad que tienen los pudientes con los menesterosos. Siempre habrá pobres en el mundo; pero no habría de haber miserables. Jesús impone la caridad como ley suya.
Día 24. Espina es la falta de devoción que manifiestan muchos cristianos en sus mismas oraciones; y las irreverencias que cometen en los templos con su porte poco cristiano.
Día 25. Espina es para el Corazón de Jesús la falta de paciencia y dominio propio de muchos cristianos, que no saben sufrir la menor contrariedad sin quejarse o incomodarse.
Día 26. Espina es para el Corazón de Jesús la sobra de comodidades de aquellos cristianos que se espantan al solo nombre del sacrificio y nada hacen por amor de Jesús, que tanto sufrió por ellos.
Día 27. Espina es la sobra de amor propio que domina en tantos corazones que no pueden soportar el menor aviso o corrección, viviendo por otra parte llenos de defectos.
Día 28. Espina es la sobra de negligencia con que se hacen las cosas de Dios. Mientras algunos son todo actividad y energía para las cosas puramente temporales.
Día 29. Espina es la sobra de frialdad, causa de que muchos cristianos, por otra parte buenos, cometan muchos pecados veniales sin que traten de enmendarse de ellos.
Día 30. Espina es para el Corazón de Jesús ver la falta de cristianos en los templos y la sobra de ellos en los centros de mundanas diversiones. El Corazón de Jesús ama, y no es amado. ¿Qué haces tú?




Litaniae de Sacratissimo Corde Iesu
Kyrie, eléison.
Christe, eléison.
Kyrie, eléison.
Christe, audi nos.
Christe, exáudi nos.
Pater de caelis Deus, miserére nobis.
Fili, Redémptor mundi, Deus, miserére nobis.
Spíritus Sancte, Deus, miserére nobis.
Sancta Trínitas, unus Deus, miserére nobis.
Cor Jesu, Filii Patris aetérni, miserére nobis
Cor Jesu, in sinu Vírginis Matris a Spiritu Sancto formátum, …
Cor Jesu, Verba Dei substantiáliter unítum, …
Cor Jesu, majestátis infinitae, …
Cor Jesu, tempi um Dei sanctum, …
Cor Jesu, tabernáculum Altíssimi, …
Cor Jesu, domus Dei et porta caeli, …
Cor Jesu, fornax ardens caritatis, …
Cor Jesu, justtiae et amóris receptáculum, …
Cor Jesu, bonitate et amóre plenum, …
Cor Jesu, virtútum ómnium abýssus, …
Cor Jesu, omni laude digníssimum, …
Cor Jesu, rex et centrum ómnium córdium, …
Cor Jesu, in quo sunt omnes thesáuri sapiéntiae et scintiae, …
Cor Jesu, in quo hábitat omnis plenitúdo divinitátis, …
Cor Jesu, in quo Pater sibi bene complácuit, …
Cor Jesu, de cujus plenitúdine omnes nos accépimus, …
Cor Jesu, desidérium cóllium aeternórum, …
Cor Jesu, pátiens et multae misericórdire, …
Cor Jesu, dives in omnes qui ínvocant te, …
Cor Jesu, fons vitae et sanctitátis, …
Cor Jesu, propitiatio pro peccátis nostris, …
Cor Jesu, saturátum oppróbriis, …
Cor Jesu, attrítum propter scélera nostra, …
Cor Jesu, usque ad mortem obédiens factum, …
Cor Jesu, láncea perforáturn, …
Cor Jesu, fons totius consolatiónis, …
Cor Jesu, vita et resurréctio nostra, …
Cor Jesu, pax et reconciliátio nostra, …
Cor Jesu, víctima peccatórum, …
Cor Jesu, salus in te sperántium, …
Cor Jesu, spes in te moriéntium, …
Cor Jesu, delíciae Sanctórum ómnium, …

Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, parce nobis, Domine.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, exaudi nos, Domine.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, miserére nobis.

V. Jesu, mitis et húmilis Corde.
R. Fac cor nostrum secúndum Cor tuum.

Oremus. Omnípotens sempitérne Deus, réspice in Cor dilectíssimi Filii tui, et in laudes et satisfactiónes, quas in nómine peccatórum tibi persólvit, iísque misericórdiam tuam peténtibus tu véniam concéde placátus, in nómine ejúsdem Fílii tui Jesu Christi: Qui tecum vivit et regnat in sáecula saeculórum. R. Amen.


Letanías del Sagrado Corazón de Jesús
Señor, misericordia.
Jesucristo, misericordia.Señor, misericordia.
Jesucristo, óyenos.Jesucristo, escúchanos.
Dios Padre celestial,Ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios Espíritu Santo,
Santísima Trinidad un solo Dios,
Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre,
Corazón de Jesús, Formado por el Espíritu Santo en el Seno de María
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo,
Corazón de Jesús, de Majestad infinita
Corazón de Jesús, santo Templo de Dios
Corazón de Jesús, Tabernáculo del Altísimo
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo
Corazón de Jesús, horno de encendido amor
Corazón de Jesús, receptáculo de la justicia y amor
Corazón de Jesús, lleno de bondad y amor
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza
Corazón de Jesús, Rey y centro de toda alabanza
Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de sabiduría y ciencia
Corazón de Jesús, en quien habita la plenitud de la Divinidad
Corazón de Jesús, en quien el Padre se ha complacido
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido
Corazón de Jesús deseo de los collados eternos
Corazón de Jesús, paciente y de mucha misericordia
Corazón de Jesús, rico para todos los que lo invocan
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad
Corazón de Jesús, propiciación de nuestros pecados
Corazón de Jesús, saturado de oprobios
Corazón de Jesús, oprimido por nuestras maldades
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte
Corazón de Jesús, traspasado por la lanza
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo,
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en Ti
Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos,

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,Ten misericordia de nosotros.

V. Jesús Manso y humilde de corazón,
R. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.

Oración: Omnipotente y sempiterno Dios, mira al Corazón de tu muy amado Hijo y a las alabanzas y satisfacciones que te tributa en nombre de los pecadores; concede benigno el perdón a los que invocamos tu misericordia, en el nombre del mismo Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unión del Espíritu Santo Dios, por todos los siglos de los siglos. R. Amén.